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domingo, 9 de junio de 2013

"Romántica Buenos Aires" por Ana María Cabrera




 Tenemos en el marco del Festival de novela romántica una maravillosa reflexión,que forma parte de la nota de Ana María Cabrera para  el diario La Nación.
Ella tuvo el gesto de compartir esta nota que va dedicada a todos sus lectores.

Me siento feliz ante la llegada de esta fiesta de lecturas. Una vez más recuerdo las palabras del Maestro, así con mayúsculas, Jorge Luis Borges:
“Ojalá seas el lector que este libro esperaba.”
Ocurrió en la fiesta de inauguración de la Fundación Internacional “Jorge Luis Borges”. Un señor muy tímido me relató su encuentro con Borges. Lo veía caminar y no se animaba a hablarle hasta un día lo hizo. Cuando el gran escritor le preguntó quién era el hombre, con la cabeza gacha en voz baja, le contestó: ¿Yo? Yo …no soy más que un lector. Borges con una sonrisa lo tomó del brazo para contestarle:-Yo también soy lector. Caminemos.
Hoy escritores y lectores nos damos la mano para bailar en la fiesta de la novela romántica.
Las palabras escritas en soledad se multiplican infinitamente en los lectores. Recuerdo lecciones recibidas en U.C.L.A. (University of California. Los Angeles)”¿Quién lee a quién? ¿Nosotros al libro o el libro a nosotros? ¿No será que el libro nos cuenta el capítulo callado de nuestra propia historia? 
Confieso que pasar de ser profesora a escritora profesional me daba miedo. Tal vez, miedo a tanto placer. Mi contacto con la literatura ocurrió antes de saber leer y escribir. A los tres años ya era alumna de mi tía Sara Cabrera, profesora de teatro. Ella me decía las letras y yo las aprendía para actuar. Desde ese entonces me enamoré de las palabras. A los 9 años, mientras escribía una obra de teatro para representar en la escuela mamá, me dijo que no siguiera, que tenía que apagar la luz. Perseguí ese postergado juego con las palabras durante largos años creando poesías y cuentos a escondidas. Pero nunca conseguía recuperar esa mágica luz. Estudié literatura. Aquí, en España y en USA. Enseñé en colegios de la Ciudad y de la Provincia de Buenos Aires, trabajé en la promoción de la Lectura por todo el país con el lema “Leer es crecer” hasta que un día Felicitas Guerrero me dio la mano para publicar mi primera novela histórica. Fue en 1998. Desde entonces mi vida cambió. No sólo nacieron “Cristián Demaría”,” Regina y Marcelo”, “Macacha Güemes” sino que mi grupo de amigos empezó a crecer. Tantas historias.
 Una mañana al encender la computadora me sorprendí con un mail que decía así:”Ana: Hola! Me llamo Leonel. Tengo 13 años y estoy en octavo grado de la escuela Santa Teresa de Lanús. Estamos leyendo el libro de Felicitas (yo ya lo terminé). Está buenísimo!!!.” Desde ese momento fuimos amigos. Pasaron los años. Un día se ofreció a ayudarme. ¿Por qué? Le pregunté. Porque este libro ya tiene que ver con mi historia. Todo lo estudiado sobre relación escritor-lector estaba allí. Hoy Leonel sigue siendo mi asistente.

Todo empezó una noche de 2011 con este mail: Estimada señora Ana María, leí su libro MACACHA GÜEMES y como salteña le diré que amé ,la semblanza que reflejó.
A Macacha se la tiene idealizada en Salta, es desconocida en otras provincias y usted la pintó como una mujer!
Una que tuvo sueños, desilusiones, amores y la esperanza de una patria libre.
Como siempre a las valientes bomberas de Güemes se las olvidó, y había que tener valor para hacer frente a toda esa soledad, dolor e incertidumbre.

Los detalles de la vida diaria, de los apellidos ilustres y cotidianos para mí ...me hizo sentir nostalgia de mi tierra, porque desde mis 18 años que vivo en Buenos aires, y hoy tengo 35...
A partir de ese momento comenzó para mí esta historia. Visité su blog “El Pantano de Fiona”. Nos hicimos amigas. Gracias a ella conocí a María José Zaldívar, Romina Demichelli, el blog de Fans de novelas románticas hasta anclar en este Primer Festival .
Romántica Buenos Aires.
Un aire diferente. Nostálgico, sublime. Que nos conecta con lo mejor de nosotros mismos: el Amor. Un halo que nos envuelve, que nos da la mano del recuerdo y de la esperanza.
Nos pinta una sonrisa.
Gracias a las lectoras, gracias al ministro Ing. Hernán Lombardi, gracias a Horacio García,a Verónica Brollo y su equipo, a María de Vedia…..a tanta gente linda que apuesta a la literatura romántica. 
En un momento donde reina la discordia, la desunión, el pesimismo “ Romántica Buenos Aires” nos invita a respirar bien hondo. A atrevernos a sacar a pasear el valor de jugarnos por el Amor que es jugarnos por la Vida.
Romántica Buenos Aires.
Estos días no pude dejar de recordar un bello episodio en el Buenos Aires de la convulsionada época rosista.
Lo encontré en crónicas desconocidas mientras hurgaba papeles en el camino de la trama de Felicitas Guerrero.
Me gustaría compartir con ustedes este fragmento:

“El café de Marco, donde volvieron a encontrarse para seguir cambiando impresiones sobre la difícil situación del país gobernado por Rosas, fue escenario de apasionantes tertulias.

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Carlos y Elías fueron caminando por la calle Bolivar. Era una tarde clara de cielo diáfano alterada por alguno que otro charco de agua barrosa, recuerdo de la lluvia de días anteriores. A medida que el joven Guerrero caminaba, las glicinas y los rosales se asomaban por los balcones de las rizadas rejas perfumando el nombre de Felicitas. Cuando llegaron a la esquina de San Ignacio se detuvieron. Buscaron el paso de piedra para cruzar la acera. Llegaron al café. Al entrar, Carlos se encontró con un amplio salón colmado de jóvenes en animada tertulia. Se sentaron a la mesa. Al fondo se podían divisar dos billares.

Ese atardecer el lugar se relajaba con la reminiscencia de un acontecimiento galán: la tarde anterior Francisco Munilla, quien tenía un sentido optimista de la vida, había partido desde allí con trescientos jóvenes acompañados de instrumentos musicales. Cuentan que también habían llevado un piano. Recorrieron las calles céntricas hasta colocarse debajo del florido balcón de la bella Manuelita Rosas. Allí le brindaron una inolvidable serenata que hizo suspirar a las mujeres y fue un alivio para las tensiones creadas por los hombres. Buenos Aires se sentía envuelta en perfumado ambiente. (Ana María Cabrera. Cap. 1 Felicitas Guerrero).




Hoy, mujeres y hombres, lectores y escritores volvemos a sentir ese benéfico perfume. Sin límites. Sin por qué. Sin para qué.
Porque sí.


                                                                                    Ana María Cabrera


a mi sólo me resta decir ...Gracias !!! te quiero mucho amiga!

Fiona

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